LA DIETA VEGETARIANA FAVORECE LA LONGEVIDAD

Dieta muy baja en proteínas demora la diálisis en los ancianos

NUEVA YORK (Reuters Health) – En los adultos mayores no diabéticos con fallas renales, la ingesta de una dieta suplementaria muy baja en proteínas puede posponer el comienzo de la diálisis, según reveló un informe italiano.

“Imaginarse que el 25 por ciento de los pacientes ancianos (…) puede ser tratado con esta dieta, sugiere que se puede ahorrar una cantidad tremenda de dinero”, dijo a Reuters Health el doctor Giuliano Brunori, de la Spedali Civili di Brescia.

Brunori y sus colegas investigaron la seguridad y eficacia de una dieta muy baja en proteínas para reducir los síntomas de fallas renales y posponer el comienzo de la diálisis en pacientes de 70 años o más con enfermedad renal crónica, avanzada al punto en que hubieran iniciado el tratamiento.

Los investigadores asignaron la dieta a 56 pacientes y otros 56 comenzaron la diálisis.

La dieta de intervención fue vegetariana, con no más de 0,3 gramos de proteínas por kilo de peso corporal diario, pero complementada con aminoácidos y vitaminas esenciales.

Durante los dos años siguientes, 40 de los pacientes tratados con la dieta de muy bajo nivel de proteínas tuvieron que empezar la terapia de diálisis, pero la misma fue demorada un promedio de 9,8 meses tras el inicio de la dieta, informaron los investigadores en American Journal of Kidney Diseases.

Las tasas de supervivencia a un año no difirieron significativamente entre los grupos de diálisis y de dieta, con un 83,7 y un 87,3 por ciento respectivamente, indicaron los resultados.

El grupo de la dieta muy baja en proteínas tenía muchas menos internaciones y días de hospitalización que los del grupo de diálisis, señalaron los investigadores, incluso después de los ajustes por diferencia de edad.

En los pacientes renales ancianos sin muchos otros problemas de salud, “la dieta no induce a la desnutrición y no amenaza la vida”, dijo Brunori. “La hospitalización es más baja y puede reducirse la carga de los pacientes y las familias”, agregó.

“Además”, concluyó Brunori, “queremos verificar la viabilidad de esta dieta en pacientes menores de 70 años”.

http://www.nlm.nih.gov/medlineplus/s…ory_49671.html

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TAMBORES FRENTE AL OLVIDO ( KOLDO ALDAY)

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El misterio nos sobrepasa por doquier. Avanzamos por la vida rumiando preguntas cuyas respuestas sabemos que no podremos hallar en ningún manual al uso. La ciencia absolutamente nada nos dice, por ejemplo, de la real constitución del ser humano, de sus diferentes cuerpos y cometidos de éstos. La ciencia oficial aún no considera ese postulado y las numerosas cuestiones relativas por ejemplo a las enfermedades mentales, que podrían, a partir de esa premisa, comenzar a aclararse. Los principios fundamentales de la ciencia oculta o sabiduría arcana van sin embargo progresando en muchos ámbitos. Mientras llega la hora de las definitivas nupcias de ciencia y espiritualidad, siempre nos quedará la posibilidad de compartir inquietudes.

Desconozco el sentido que tiene permanecer con cuerpo en la tierra y a la vez estar fuera, ausente, no se sabe dónde. Al atravesar los puertos nevados, al rastrear con la esponja una piel gastada, al hacer kilómetros y kilómetros junto al mar empujando la silla de ruedas…, me he hecho muchas veces esa pregunta. He explorado posibilidades, pero no he encontrado aún una respuesta absolutamente convincente a esos ojos idos. Escruto de cerca su mirada y trato de averiguar con quién me hallo, si él mora aún tras esa mirada despistada. ¿Partió ya el alma de mi padre o está aún ahí, tras esas pupilas, gobernando aún ese cuerpo grande, inamovible? ¿Con quién hablo cuando una vez al mes me coloco ante ese ser tan querido como, en su nueva faz, desconocido?

No sé lo que es el Alzheimer. Desconozco las razones profundas de esa postrera amnesia, de ese período a veces largo de letargo. Ignoro por qué a unos seres llega el olvido y a otros no, por qué la Vida mantiene un cuerpo vivo sin capacidades mentales. ¿Cuál es la razón de ese respirar, si aparentemente no hay experiencia, ni evolución alguna, si entendemos que todo en la tierra permanece bajo la ley superior de la economía? ¿Será que la única economía que pretende la Vida evitar es aquella de la ternura, de las caricias, de los abrazos…? ¿Querrá que nos prodiguemos en ella?

Declaro ignorancia y sería presuntuoso por mi parte presentar conclusiones al respecto. Sin embargo escribir es también ejercicio de esbozar conjeturas, de compartir buena nueva, respuestas imbuidas de esperanza. Algo encontré ayer en mitad del estruendo. La música de la tamborrada inundaba las calles de un Donosti empapado por la lluvia. Enfundados en nuestros plásticos fuimos al corazón de la fiesta. Mi padre recobró vida en las estrechas calles de la Parte Vieja. Hay música que puede ser interruptor, que puede despertar de forma súbita lo que aparentemente se halla aletargado. No sé las razones del Alzheimer, pero sí reconozco que por contemplar esa escena valían la pena los sinsabores, los viajes de invierno y los puertos atestados de nieve. ¿Qué detonaron en él esos tambores, que se puso a agitar sin parar las manos? La gente se paraba, le sacaba fotos, sorprendida por la repentina vitalidad de un hombre tan mayor sobre la silla de ruedas.

En el principio era el sonido, pero en el final parece que también. Cuando incluso la mirada se apaga, en los últimos días igualmente pareciera reinar el sonido y su potencial siempre liberador. El “aita” había olvidado casi todo, pero la marcha de San Sebastián, permanecía anclada en algunas células de su deteriorado cerebro. Yo creí que se le había borrado el encerado de su mente cansada, pero el recuerdo tiene pasadizos que no controlamos y la vida tiene razones que se nos escapan. No sé nada del Alzheimer, pero quizás tenga su razón de ser; quizás para darnos una oportunidad de servicio, quizás para unirnos aún más quienes nos estrellamos contra esa mirada ausente, quizás para poder acunar al niño que nunca tuvimos… No lo sé, pero yo fui feliz ayer con mi padre bajo la lluvia incesante, en mitad del estruendo de una tamboreada que nunca olvidaré. Fuimos con una compañía, viajamos juntos a través del tiempo en una misma música. Volamos al pasado, pero también al futuro, al ayer que nos unía en un mismo y ancestral latido militar, al futuro en el que los tambores despertarán a la vida, nunca ya más al odio y a la muerte.  

El corazón anciano tiene razones para latir que aún nos son ocultas. Esos brazos agitados con nervio manifestaban que aún le quedaba a nuestro padre tamborrada con la que vibrar, música a la que abandonarse, orquesta para gobernar. Él olvidó los afluentes del Ebro y muchas sentencias en latín; él ya no acierta con las cuentas, ni firma cheques, pero es capaz de dirigir la marcha de San Sebastián con sus manos vibrantes de energía. Mi padre no tiene Alzheimer, sólo acceso de nostalgia. Sólo se apeó del mundo y su música estridente. Cumplió sobradamente con sus deberes en vida y ahora es libre de quedarse con la marcha inolvidable de su ciudad, con las gratas melodías de antaño.

Koldo Aldai, 22 enero 2013

¿Qué tipo de niño vive en el interior de nuestros ancianos?

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Es casi imposible efectuar un estudio como éste: seguir la pista a personas desde la infancia hasta la vejez para observar sus hábitos y maneras de ser con el fin de averiguar cuáles son mejores para conservar la salud a largo plazo. Casi imposible, pero se logró. El Proyecto Longevidad, libro escrito por los psicólogos Howard Friedman y Leslie Martin, incluye consejos para alargar la vida derivados de un estudio que se inició en 1921 y siguió a 1.500 niños y niñas por un lapso de hasta 80 años.

“La mejor manera de saber por qué algunas personas gozan de cabal salud en la edad avanzada mientras que otras mueren prematuramente es seguirles la pista durante toda la vida”, señala Friedman. Los resultados del estudio echaron por tierra muchas creencias arraigadas. El experto comparte aquí los hallazgos más sorprendentes del estudio… y los consejos más útiles:

● La jovialidad no dura.

“El elemento clave para predecir una vida larga fue uno que jamás imaginamos: la dedicación. No fueron siempre los niños más alegres los que vivieron muchos años, sino los que cumplían con sus tareas escolares, y cuyos padres decían de ellos: ‘Tiene una buena cabeza sobre los hombros’. Adquirieron pautas de conducta saludables y luego las mantuvieron. Las personas que de niñas no eran dedicadas pero que se volvieron más responsables en la edad adulta también vivieron muchos años”.

● La felicidad es un efecto, no una causa.

“Siempre se ha dicho que las personas felices son más sanas. La gente piensa que la felicidad da buena salud, pero no encontramos eso. Lo que da salud y dicha es tener un empleo que uno disfrute, una buena cultura, una relación de pareja positiva y estable, y el trato cordial con otras personas”.

● El estrés no es tan malo.

“Todo el tiempo nos advierten sobre los peligros del estrés, pero las personas que se dedicaban con más empeño a lograr metas se conservaron más saludables y vivieron más años. No es bueno sentirse abrumado por el estrés, pero las personas más longevas no fueron aquellas que intentaron relajarse o jubilarse pronto, sino las que aceptaron retos y perseveraron hasta superarlos”.

● Vincularse con la gente adecuada.

“Para volverse más saludable, lo mejor que uno puede hacer es pensar en la clase de personas con las que pasa el tiempo. Si lo hace con personas que ayudan a otras, se vuelve más responsable consigo mismo: tiene una razón para levantarse cada día, así que no se desvele ni beba mucho. Uno de los secretos de la longevidad es integrarse a grupos sociales y elegir aficiones o empleos que lo lleven de forma natural a pautas de conducta y actividades más sanas. Es una manera gradual pero eficaz de cambiarse a sí mismo”.

LA VEJEZ, OPORTUNIDAD PARA DEVOLVER LO QUE SE RECIBIÓ…

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A diferencia de las plantas que envejecen de manera lenta, pero mueren brevemente, los seres humanos envejecemos rápido y morimos lentamente. Es lo que trata de enseñar el medico que lleva a sus pacientes a los parques para que aprendan con la naturaleza a demorar la vejez para morir sin agonizar.

Estudios divulgados recientemente advierten que en nuestro país también aumentó la cantidad de personas mayores de 60 años, la edad con la que ya se entra en la categoría de “viejos”, ancianos, mayores o tercera edad. De todos modos, esto no se vive como un triunfo de la vida, sino como una carga previsional. ¿Quien se ocupa de los más viejos? La vida urbana de espacios reducidos y familias divididas han dejado sin lugar al anciano, que suele ser depositado en los geriátricos, sin que sepamos qué provoca ese vivir desplazado.

Ya en las décadas del cincuenta y del sesenta, Simone de Beauvoir advertía en Francia que de los ancianos sanos ingresados en los geriátricos, el 45 por ciento morían en los seis primero meses. Los que resistían se volvían seniles o alcohólicos.

Treinta años después, como suele suceder, la historia se disfraza de paradoja para burlarse de nosotros: dos años atrás, en el verano boreal, fue precisamente en Francia donde se vio a los ancianos morir en masa frente al televisor porque no tenían quien les diera un vaso de agua, ya que los mas jóvenes, incluidos sus hijos, se habían ido de vacaciones.

La preocupación con la vejez lleva también a la esquizofrenia de que en Europa se desprecien a los inmigrantes, a no ser las mujeres jóvenes de los países subdesarrollados que dejan a sus hijos para ir a cuidar niños y ancianos en los países ricos.

Aun cuando en nuestras ciudades cada vez más casonas son adaptadas como geriátricos, lejos estamos de que nuestros viejos se nos mueran mirando la televisión. Sin embargo, existe una dictadura de la juventud que devalúa la sabiduría y la experiencia que tienen los que han vivido mas tiempo. Tal vez, porque miro menos la joven que fui que la anciana en la que me tornaré, constato que los prejuicios corren sueltos, y presentan a la vejez como enfermedad y no como una continuación maravillosa de la vida en la que se puede devolver todo lo que se recibió. Siempre, claro, que alguien esté interesado en recibirlo.