VENCEDORES DEL TIEMPO / NO A LA VIOLENCIA

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Nueces, plátanos, dátiles, limones y aceite de oliva constituían la comida acostumbrada de Gandhi longevo, saludable, entusiasta, enérgico, que soportaba ayunos, caminatas extremas y quien con respecto a su alimentación, dejó escrito: no consumo leche. Eliminé la sal y especias. Mi dieta es sana y práctica: ¡nada cocinado, todo al natural! Jamás ingiero más de cinco alimentos diferentes durante 24 horas y mi última comida la hago antes de ponerse el sol.

El resultado: Gandhi era un anciano de acero. Su dieta, simple y austera, le agregó años de vida y lo salvó de muchas enfermedades. No necesitaba arroparse. Usaba sólo un taparrabos y andaba descalzo. En estas condiciones permanecía inmutable ante el calor o el frío. Tenía 78 años cuando liberó a la India del Imperio Británico, modificando así la configuración política e ideológica del mundo del siglo XX. Sin embargo, el “Líder de la no violencia” vivió hasta el final de su vida en extrema pobreza, sin conceder prebendas a sus familiares, rechazando el poder político, antes y después de la liberación de India. Y cuenta la historia que a este anciano de humildad inconcebible le apenaba el título de Mahatma, “Alma Grande”, que en contra de su voluntad le impusiera el poeta indio Rabindranath Tagore. Quizá las generaciones venideras duden alguna vez de que un hombre como el Mahatma haya existido.

Nadie puede hacer el bien en un espacio de su vida, mientras hace daño en otro. La vida es un todo indivisible.  Mahatma Gandhi

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