LA CASITA ENCANTADA

Mará Ponce de 78 años construyó una casa con botellas de plástico el cual se convirtió en un hogar encantado, ingeniosamente construido. Es un nuevo foco de admiración en una de las zonas más pobres del Salvador.

Doña María, a diario y desde muy temprano, abre las pequeñas puertas de tablas de madera pintadas de color azul de su pequeña casa que construyó sobre la transitada carretera El Litoral en el cantón El Borbollón, en el departamento de San Miguel, desde donde es visible a todos los automovilistas.

“Bienvenidos a mi casita que es la casita encantada”, dice con una sonrisa que la lleva siempre a flor de labios, como señal inequívoca de su orgullo por la humilde pero bien adornada y nada común casa de no más de diez metros cuadrados.

Las paredes de la curiosa “casita encantada”, como reza un letrero que la mujer colgó a la entrada del hogar que construyó hace cuatro años, están hechas totalmente de pequeñas botellas plásticas.

El techo construido con las mismas botellas está revestido de lámina de zinc “para evitar que se cuele el agua lluvia”.

Las botellas para que se mantengan en su lugar fueron ensartadas en delgadas varas de bambú enterradas en el piso.

El piso de la casa, en cuyo interior la anciana únicamente guarda una mesa con dos floreros y una hamaca para dormir, está tapizado con incontables tapas plásticas o de lata de las botellas y cada una de ellas ha sido pacientemente pintada a mano por la mujer que gusta de cocinar quesadillas (un pan dulce hecho con queso) en pequeños hornos de cemento y tierra.

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Cuando me dicen que soy demasiado viejo para hacer una cosa, procuro hacerla enseguida.
Pablo Picasso
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